La almendra Córdoba arranca campaña con un enemigo microscópico
Lo que prometía ser un año de celebración para el sector almendrero cordobés se ha convertido en motivo de preocupación. La campaña de recogida de almendra Córdoba acaba de comenzar y las primeras cifras confirman que la realidad se ha quedado por debajo de las expectativas: la producción caerá entre un cinco y un diez por ciento respecto a las previsiones iniciales, según ha comunicado el presidente de Asaja Córdoba, Fernando Adell. La responsable tiene ocho patas, un tamaño casi imperceptible y un apetito voraz: la araña roja.
Unas previsiones que invitaban al optimismo
Apenas unas semanas atrás, los técnicos del sector manejaban cifras esperanzadoras. La estimación apuntaba a unas once mil toneladas de almendra en grano para la provincia, lo que habría supuesto un incremento del treinta por ciento frente a la cosecha precedente. Dos factores alimentaban ese optimismo.
Lluvias generosas tras años de sequía
Las precipitaciones abundantes registradas durante el otoño, el invierno y el arranque de la primavera permitieron recargar unos suelos y embalses que venían de varios ejercicios marcados por la escasez hídrica. Las reservas recuperadas garantizaban dotaciones de riego suficientes para acompañar el desarrollo final del fruto en las principales comarcas productoras.
El efecto vecería jugaba a favor
Adell recuerda que las campañas anteriores no fueron precisamente generosas. En cultivos leñosos como el almendro, la alternancia productiva —lo que los agricultores llaman vecería— tiende a compensar los años malos con cosechas más abundantes en el ciclo siguiente. Todo parecía alineado para una temporada notable.
La araña roja irrumpe sin freno
Sin embargo, la falta de materias activas autorizadas para combatir la araña roja ha dejado a los agricultores prácticamente desarmados. El ácaro ha multiplicado sus generaciones aprovechando las temperaturas estivales y la ausencia de tratamientos eficaces, provocando una defoliación prematura que reduce tanto el calibre del fruto como la capacidad fotosintética del árbol.
Daño presente y cosecha futura comprometida
Lo más inquietante, según explica el presidente de Asaja Córdoba, no es únicamente la merma de este año. La caída masiva de hojas debilita la reserva energética del árbol de cara a la siguiente floración, lo que significa que la campaña de 2027 podría llegar ya lastrada antes de empezar. Un círculo vicioso que, de no cortarse a tiempo, amenaza con cronificarse.
El gusano cabezudo agrava la crisis
Si la araña roja ataca la parte aérea, el gusano cabezudo (Capnodis tenebrionis) destruye desde abajo. Sus larvas devoran las raíces hasta provocar la muerte del árbol, y su proliferación se ha disparado desde que se retiraron del mercado los insecticidas que mantenían la plaga bajo control.
Más de 2.500 hectáreas perdidas en dos años
Las cifras de la administración autonómica resultan elocuentes: la superficie de almendro en Córdoba ha descendido en más de dos mil quinientas hectáreas en apenas dos campañas. Son fincas enteras que han tenido que ser arrancadas porque los árboles, sencillamente, dejaron de vivir. Para Adell, esta situación «está acabando silenciosamente con las plantaciones de almendros en Córdoba» y constituye solo el principio de un problema que se extenderá a otros cultivos si no se revisa la política de restricción de fitosanitarios.
Asaja pide medidas urgentes a dos administraciones
Ante este panorama, la organización agraria ha trasladado sus demandas tanto a la Junta de Andalucía como al Ministerio de Agricultura. Las peticiones se concretan en dos líneas de actuación complementarias.
Autorización excepcional de tratamientos
Asaja Córdoba solicita que se habiliten de forma extraordinaria materias activas capaces de frenar el avance de la araña roja y del gusano cabezudo durante la presente campaña. Se trata de un mecanismo previsto en la normativa fitosanitaria para situaciones de emergencia que ya se ha aplicado en otros cultivos y que, a juicio de la organización, está plenamente justificado por la magnitud del daño.
Ayudas para los agricultores que han arrancado
El segundo eje de la reclamación apunta a la puesta en marcha de ayudas específicas destinadas a quienes se han visto obligados a eliminar sus plantaciones. Adell recuerda que el año pasado se articularon líneas similares para paliar los efectos del mildiu en la viña y del algodoncillo en el olivar, y argumenta que la situación del almendro presenta la misma gravedad: «Se está poniendo en peligro la continuidad y supervivencia de las explotaciones agrarias».
Un sector que pide ser escuchado antes de que sea tarde
La almendra cordobesa ocupa un lugar relevante en la economía agraria provincial y genera actividad en comarcas donde las alternativas productivas no abundan. Perder superficie año tras año no solo reduce la renta de los agricultores, sino que empobrece el paisaje, debilita el tejido rural y compromete la biodiversidad asociada a un cultivo mediterráneo por excelencia.
El campo cordobés ha lanzado su señal de alarma. Ahora corresponde a las administraciones decidir si la escuchan a tiempo o si, cuando quieran actuar, las laderas que hoy visten de blanco en primavera habrán dejado de florecer para siempre.












