Hola querida Eva, gracias por acompañarme en este despertar una semana más. Ayer conmemoramos el Día del Libro… y quizá el libro más importante que puedes empezar…es el tuyo. No para publicarlo…sino para sanarte.
Hay palabras que no salen. Se quedan en la garganta, en el pecho, en la piel.
No hacen ruido, no piden permiso… y, aun así, ocupan espacio. Con el tiempo, esas palabras empiezan a moverse por dentro. Se transforman en nudos, en cansancio, en una tristeza que no siempre sabes explicar. Sigues con tu vida, cumples, respondes, estás…y algo en ti se queda sin decir.
A muchas mujeres nos enseñaron a sostener en silencio. A no incomodar. A no romper.
A no mostrarnos demasiado. Aprendimos a guardar lo que dolía detrás de una sonrisa correcta. Y así, poco a poco, fuimos acumulando historias enteras en el cuerpo.
Lo que no nombras… se queda contigo. Y cuando se queda demasiado tiempo, pesa. Yo lo descubrí escribiendo.
Aunque escribo dese los once años, evidentemente a esa edad no pensaba en publicar, escribía para entenderme. Para ordenar lo que sentía cuando no sabía cómo decirlo en voz alta. Para darme un lugar cuando todo por fuera seguía igual… y por dentro algo se estaba moviendo. Confieso que para mí escribir es mucho más de lo que os pueda explicar en este podcast es una necesidad que me acompaña ese siempre. Escribir para mí es también un refugio, lo descubrí cuando murió mi padre, el dolor no siempre encontraba palabras.
Aprendí a sostenerlo en silencio. A seguir adelante. A cubrirlo con una sonrisa que desde fuera parecía suficiente. Pasaron los años… y ese dolor seguía ahí, intacto, esperando ser mirado. Fue entonces cuando volví a la escritura de otra manera. No para crear, sino para soltar. Para decir lo que nunca dije. Para nombrar su ausencia, su recuerdo, lo que dolía. Y en ese acto íntimo, sin ruido, sin testigos… algo empezó a moverse dentro de mí. No desapareció el dolor. Se transformó. Escribir me permitió abrazarlo sin esconderlo. Darle un lugar. Entender que sanar también es atreverte a sentir… y a escribirlo.
Recuerdo otra etapa que marcó mi forma de escribir para siempre. Cuando nació mi primer hijo, la vida me llevó por un camino que no esperaba. Tras el parto se encadenaron varias complicaciones… y terminé enfrentándome a una embolia pulmonar. El cuerpo estaba en recuperación.
La mente intentando comprender. Y el corazón… viviendo todo a la vez. En medio de ese proceso, la escritura volvió a aparecer. No como un proyecto. No como algo pensado. Sino como un espacio donde poder desahogarme.
Escribía para sacar lo que sentía. Para ordenar lo que me estaba pasando. Para mantenerme “firme” en un momento en el que todo era demasiado. Y sin darme cuenta, esas palabras empezaron a tener otro sentido. Ya no eran solo para mí. Eran también para compartir. Para acompañar. Para que otras mujeres que atravesaran algo similar supieran que no estaban solas.
Porque a veces escribir no es solo sanar…es también tender la mano. No necesitas ser escritora para escribir. Necesitas sentir. Y darte permiso.
Escribir no es hacerlo perfecto. Es hacerlo verdadero. Es dejar de contener… y empezar a soltar. A veces será una carta que no vas a enviar, una conversación que nunca se dio. A veces un “me dolió” que nunca dijiste o un “ya no puedo más” que llevas tiempo callando.
Ponlo en papel porque cuando escribes, ordenas. Cuando nombras, entiendes. Cuando sacas, alivias. Hay mujeres que no saben por dónde empezar. Empieza por una frase. La que te salga. La que te duela. La que lleve tiempo esperando. Empieza por ahí.
Escribir también es mirarte sin juicio. Permitirte sentir sin corregirte. Dejar que tu verdad tenga espacio, aunque sea solo para ti. No todo lo que escribas es para compartir.
Hay textos que son refugio. Hay palabras que son medicina íntima. Hay páginas que nadie necesita leer… excepto tú.
En un mundo donde todo se muestra, escribir puede ser tu lugar más privado. Tu espacio seguro. Tu forma de volver a casa. Hoy no te pido que lo cuentes. Te pido que lo escribas. Aunque sea en un papel que luego rompas. Aunque sea en una nota del móvil. Aunque no tenga sentido para nadie más. Hazlo por ti.
Porque lo que no dices… se queda dentro. Y lo que escribes… empieza a liberarte.
Como escritora, sé que las palabras construyen historias.
Como mujer… sé que también pueden salvarte.
A veces, todo empieza así: con una hoja en blanco…con una verdad que por fin decide salir.
Recibe mi más cálido abrazo, querida Eva. Nos encontramos en este mismo espacio la próxima semana.
Tu amiga de este lado de El Despertar.
María Piña
@mariapinaescritora